Guiados por sus papás y mamás, uno a uno fueron entrando al salón de nuestro colegio los 45 alumnos y alumnas de IV° medio que están próximos a recibir el Sacramento de la Confirmación. Ahí, en un ambiente silencioso, emotivo y lleno de signos y detalles, los esperaban sus padrinos y madrinas para vivir la Liturgia de Confirmación.

Luego de recibir la bendición con el agua bautismal por parte de sus padres, los jóvenes fueron entregados a quienes serán sus guías y compañeros en el camino de la fe. Los papás y mamás contemplaron a esa persona significativa que sus hijos e hijas eligieron.

“Fue muy bonito darle la importancia desde la sencillez al rol de los padrinos”, comentó Angélica Rosales, quien acompañó a su hija Rayen Arellano del IV°A en esta liturgia. “Los papás y mamás compartimos cómo vemos esta Iglesia hoy y cómo vemos los valores que les entregamos a nuestros hijos en la familia, algo que concuerda mucho con la Institución Teresiana”, aseguró.

Los padrinos y madrinas fueron invitados a dejar una huella positiva y a ser sal y luz en sus ahijados. Sal para poner sabor a la vida en los momentos alegres, pero por sobre todo en los difíciles, y luz para fortalecer, alumbrar y guiar el camino de los jóvenes.

Tras encender sus luces desde el Sirio Pascual, representando el amor y la vida de Cristo en cada uno, los padrinos y madrinas tuvieron un momento para conversar con sus ahijados y ahijadas, donde reflexionaron sobre el valor de sus lazos y los desafíos presentes en el camino que recorrerán juntos.

“Estoy super agradecida de esta instancia que nos permitió hacer una pausa en la vida y tener una conversación sincera con nuestros ahijados”, aseguró Sofía Guzmán, madrina y hermana de María Jesús del IV°A, a quien le pareció una “muy bonita experiencia, sobre todo porque pude conversar profundamente con mi madrina”, afirmó.

Los estudiantes se han preparado por un año para recibir el Sacramento de la Confirmación, han vivido diferentes experiencia para tomar una decisión consciente y responsable. Esta Liturgia representó el último de esos momentos, y les sirvió tanto a ellos como a sus padres, madrinas y padrinos, para estrechar lazos y reafirmar su camino en compañía de Cristo.


 

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