Cuentos ganadores Concurso Cuento Breve 2017
Sector Lenguaje

Categoría 3º y 4º Básico

1er lugar: “El niño extranjero” de Catalina Román (3°A)

Ya es marzo, han quedado atrás esas entretenidas semanas de vacaciones. Hoy es el primer día de clases, los niños están muy emocionados y se dirigen a sus salas. Los niños del 3°A se saludan y juegan, suena el timbre y se sientan. En ese momento aparece la profesora con un niño de la mano. Todos miran extrañados y sorprendidos pues el niño es distinto… diferente. Es un niño extranjero, alto, de piel muy morena, su pelo muy crespo y sus ojos cafés miran con temor. Está asustado.
–¡Buenos días, niños! –dice la profesora. Los niños contestan muy alegres:
–¡Buenos días profesora!
–Niños, quiero presentarles a un nuevo compañero. Él es Pierre y viene de un país que pocos conocen: Haití.
Los niños sorprendidos gritan: –¡Qué!
–Niños, niños, tranquilos, de a poco irán aprendiendo más de Pierre y su país. Por ahora les diré que tienen que ayudarlo mucho, pues no habla español. Su idioma es el creol.
Los niños se miran extrañados pues no entienden nada.
–¿Creol? ¿Qué es eso? –Pregunta Javier.
–En realidad es un dialecto propio de Haití, es una mezcla de francés y lengua africana –explica la profesora. Por este motivo es muy importante que ustedes lo integren y se comuniquen con él. Pierre ya tiene su casillero. ¿Quién quiere sentarse a su lado?
Los niños se quedan callados… nadie contesta. La profesora entonces decide sentarlo adelante y le dice a los niños: –Bien, el que quiera puede venir a sentarse a su lado. Los niños continúan en silencio, suena el timbre y salen a recreo. Pierre se mantiene solitario y el resto corre y juega.
Y así pasaron los días, pero curiosamente Pierre no se veía triste y trataba de entretenerse solo. Un día en clases Pierre pidió permiso para ir al baño y la profesora aprovechó para hablar con los niños:
–Me he dado cuenta de lo que está pasando, ¿y saben qué pienso? Que ustedes tienen mucho más miedo que Pierre. Deberían conocerlo, acercarse a él, les pido que lo piensen.
Pasaron unas semanas y llegó el día de las ramas deportivas, y los niños de basquetbol se reunieron en el gimnasio y comenzaron a practicar. Pierre está ahí y comienza a jugar y anotar puntos, demostrando que es un excelente jugador. Los niños quedaron muy impresionados y corrieron a contárselo a los demás.
A partir de ese día todo cambió, comenzaron a juntarse con él, querían sentarse a su lado, lo invitaban a jugar y a sus cumpleaños.
Resultó además que Pierre era muy buen alumno y fue aprendiendo poco a poco español.
Cuando empezaron las competencias interescolares, Pierre fue seleccionado y gracias a su habilidad ganaron el primer lugar, y Pierre fue premiado como el mejor deportista.
Terminado el año, el curso lo eligió como mejor compañero y Pierre en agradecimiento les enseñó algunas palabras en su idioma.
Fue así como los niños aprendieron una gran lección:
No se debe discriminar a las personas por su apariencia, sin conocerlos, porque nuestro deber es apoyarlos, integrarlos y darles amor, ya que están lejos de su país.


2º lugar: “Las aventuras de Bolita, una gatita chiquitita” de Alicia Ayala (3°C)

Bolita en la playa.

Era un día muy extraño para Bolita, pues todos estaban metiendo poleras, zapatos, polerones y ropa interior en las maletas, y comida en coolers y cestos. La dueña fue muy temprano a la tienda para mascotas y volvió con comida en latas y sobres, una cesta para gatos y un collar para Bolita. Metieron a Bolita en la cesta con el collar nuevo puesto. Pusieron las maletas, los cestos y los coolers en la maleta del auto. Se metieron ellos, el cesto de Bolita y se fueron.

En el auto, Bolita se asustó mucho porque nunca había andado en auto y se escapó de la cesta. Sus dueños le dijeron: –¡Eso no se hace Bolita! ¡Te llevamos de paseo con nosotros para que conozcas nuevos lugares, no para que te escapes!

Unas horas después habían llegado a la playa. A Bolita no le gustó el mar, pero sí la arena e hizo muchas torres.


3er lugar: “Juan y su amigo el árbol” de Tomás Arancibia (3°A)

Un día Juan encontró en su patio una semilla, una simple semilla y decidió sembrarla. Estuvo años sembrándola, luego de tres años empezó a crecer un árbol de tamaño normal. Él estaba muy feliz y por eso el árbol se hizo amigo de Juan, y así fue pasando el tiempo. En las noches Juan le contaba un cuento y por las mañanas lo regaba. En otoño al árbol se le caían las hojas y Juan pensaba que se le estaba cayendo la ropa, por eso le volvía a poner las hojas. En invierno llovía, entonces Juan le daba un paraguas gigante. En primavera al árbol se le caían las frutas, entonces Juan lo consideraba un regalo y se las comía.

Pero un día Juan se dio cuenta de algo, el árbol estaba muerto. Como a todos, le había llegado el día de su muerte. Juan se sintió triste el principio pensando que no quedaba nada excepto el árbol muerto, pero de repente vio algo en el suelo: era una semilla que había dejado el árbol antes de morir. Y Juan pensó que era un regalo que el árbol le había dejado para que no lo olvidara. Entonces Juan decidió sembrarla.


Categoría 5º y 6º Básico

1er lugar: “Las lagartijas y el sol” de Fernando Medina (5°C)

Había una vez una lagartija llamada Agustín que se preguntaba por qué tenía dos colores y qué significaban. Entonces fue donde un muy buen amigo suyo, un loro muy sabio llamado Paco y le preguntó: ¿por qué las lagartijas tienen dos colores y tienen que tomar sol todo el tiempo?

Paco le dijo que le iba a explicar, que eran dos temas muy interesantes que cualquier lagartija joven debía conocer. En primer lugar, amigo mío, tu color cambia según si has tomado sol o no, ese es el asunto simple: si estás colorido verde con puntos azules es porque has tomado sol y si estás gris es que no lo has hecho.

Tu segunda pregunta, en cambio –dijo Paco–, es más compleja y te la responderé con una historia.

Paco procedió a contar una historia que se transmitía de generación en generación para dar una lección a las lagartijas: Un día una lagartija, llamada Martín no había tomado sol. Uno de sus amigos le dijo: “Anda a tomar sol o te convertirás en una roca, ¡incluso ya estás color roca!” Martín pensó que era una locura y decidió no hacerle caso.

A los dos días ya no podía mover la cola ni las patas, su amigo ya estaba muy preocupado y le volvió a advertir que debía tomar el sol, pero Martín, muy llevado de sus ideas, insistió en quedarse a la sombra donde estaba. Desde muy pequeño nunca le había gustado el sol.

Al día siguiente cuando el amigo pasó por el árbol donde Martín descansaba, lo encontró convertido completamente en roca. El amigo quedó muy afectado por lo ocurrido y se dedicó a contar esta historia para que todas las lagartijas supieran la importancia de tomar sol. Las reunió a todas al atardecer y les contó que al ser animales de sangre fría necesitan el sol para poder vivir.

Agustín no podía creer lo que Paco le contaba, le dio las gracias por la gran lección que recibía y se fue muy rápido a contarles a sus amigos. No era necesario que más lagartijas jóvenes sufrieran las consecuencias de la falta de sol. Desde ese día todas las lagartijas del barrio se organizaron con horarios para asegurarse que cada una tomara sol como necesitaba y no se convirtiera en piedra.


2º lugar: “Consejos para no perderse en el bosque” de Luna Villarroel (5°A)

I ¿Cómo entré en este lío?

Todo empezó un día en la mañana cuando mi mamá, mi papá y mi hermanita de 5 años fuimos de paseo al bosque.

Cuando estábamos allá, mi hermanita estaba jugando con una pelotita. Y aquella se le fue a los arbustos. Ella se fue a buscar a mi mamá y mi papá, quienes no la vieron y corrieron a buscarla. Y obviamente yo los acompañé por dos razones: quiero a mi hermana y ¡no me quiero quedar solo!

La fuimos a buscar y mientras la estábamos buscando, ella volvió al sitio con la pelotita y no vio a mis padres y a mí, y nos fue a buscar. Justo en ese momento ya nos devolvíamos de buscarla a ella. Un poco confusa la historia, ¿verdad? Bueno, sigamos. Luego escuché un ruido entre los arbustos y pensé que era ella, así que corrí hacia allá. Sí, era ella y volvimos juntas, pero nuestros padres ya no estaban ahí.

II El conejo mágico.

Bueno, qué hacer ahora, perdidos en el bosque, sin abrigo, sin comida, sin padres, sin poder tomar agua y sin ir al baño. Esto que pasó fue mágico. Desde detrás de un árbol, salió un lindo conejo blanco con un sombrero de mago, y de repente el conejo nos habló. Yo y Lili, mi hermana, nos paralizamos del asombro. Ahí en el bosque casi nos desmayamos del susto

¡Un conejo que habla! –gritó mi hermanita. Yo casi no dije nada… –¿De dónde vienes? –preguntó Lili. –Me perdí –dijo el conejo. Yo en ese momento me relajé y hablé al fin. –¡Genial! –grité. –¿Por qué genial? –dijo el conejo. –Pensé que me comerías –dije. –¡No, cómo te voy a comer, soy un conejo! Sí, un conejo que habla. –Perdón –dije–, más que comerme pensé que me atacarías. –¡Tampoco! ¡Bueno, bueno, vamos al punto! ¿Cómo te llamas? –pregunté. –No tengo nombre, me dicen conejo.

III El mago.

–¿Conejo? Bueno, así te diré. Luego Lili se acercó a su hermano y le dijo: –Él también se perdió. –¿También te perdiste? ¿Entonces nos ayudas?. –Sí, solo si ustedes me ayudan a mí. –¡Claro! –¿Dónde está el norte?. –No lo sé, estamos completamente perdidos. –Busquemos a mi amo mago. Él puede ver con su espejo mágico dónde están vuestros padres.

–Conejito, conejito –se escuchó desde lejos. –Ese es mi mago. ¡Mago, mago! –gritó. El conejo corrió hacia él. El conejo había encontrado a su mago, y ahora nos ayudaría a encontrar a nuestros padres. –¿Quiénes son estos pequeños niños? –dijo el mago. –Ellos están perdidos y les dije que si me ayudaban a encontrarte, tú ibas a usar tu espejo mágico para encontrar a sus padres.

IV Vuelta a casa.

El mago sacó un espejo de plata de su sombrero y dijo: “Espejito mágico, muéstrame a los padres de estos niños”, y le pegó con su varita mágica. En el espejo se mostró a los padres de Oliver y Lili. Oliver gritó: “Son ellos, son ellos”, casi llorando de alegría. Luego el mago dijo: “¿Dónde se encuentran?” Y el espejo mostró al camino.

–¡Yupi! –gritó Lili. Luego fuimos siguiendo el camino que nos indicaba el espejo, hasta que llegamos al sitio del paseo y estaban mis padres viendo una foto de nosotros con los ojos llorosos. Lili y yo gritamos: “¡Papá, mamá!” Corrimos y nos abrazamos. Luego les presentamos al conejo y al mago. “¡Ahh, un conejo que habla!” “Tranquilos, no es gran cosa”. Subimos al auto y nos fuimos a casa luego de una gran aventura.


3er lugar: “Recuerdos” de Constanza García (6°A)

“En la vida hay cosas que nunca se olvidan, a eso se le llama recuerdo. Los recuerdos pueden ser de algo feliz, algo triste, doloroso, etc. La duración de estos depende de cuánto haya significado para ti. Si este recuerdo fue algo que te cambió por completo perdurará durante el tiempo, y es probable que nunca lo olvides”.
Esto era lo que le había dicho Ignacio a su hermana menor Stephanie, y ella lo recordaba cada vez que pensaba en él.
No había sido hace mucho, aproximadamente un año, el día de su muerte. Ella y él habían hecho una carrera para ver quién llegaba primero al árbol de navidad. A pesar de que él tenía 26 años, era muy infantil cuando estaba con su hermana. Como Ignacio era más grande, le llevaba la delantera, pero al doblar en un pasillo él se tropezó con un escalón y se cayó pegándose en la cabeza con un espejo que había en la pared.
Desde ese día Stephanie había cambiado, se pasaba la mitad del día en el colegio y la otra mitad en su habitación, lamentándose por haber hecho esa carrera. A pesar de tener 16 años, ella había madurado a los 15, al ver a su hermano morir.
Aquel día Stephanie fue a hacer las compras de navidad con su mamá. Aunque ella no quería fue, ya que era unas de las únicas cosas que le podrían quitar el tiempo y le ayudarían a no pensar en él.
Al llegar a la casa, Stephanie se fue a su pieza y cerró las puertas detrás de ella, para luego tirarse de cara a su cama. Estaba cansada pero no quería dormir para no soñar con él.
Luego de unos minutos que le parecieron horas, escuchó una risa, una risa escandalosa, suave, familiar, pero a la vez lejana…
Giró su cabeza y lo vio, vio a su hermano mayor sentado en la cama. Estaba riendo como antes lo había hecho. Cerró los ojos con fuerza y luego volvió a mirar. Él había desaparecido junto con la risa que emanaba de él.
Se levantó y se sentó a la orilla de su cama. Sentía su cuerpo pesado y le dolía la cabeza.
–¿Por qué? –se dijo a sí misma–, ¿por qué sigo recordándote?
Estaba harta de ello porque desde que salió de clases no paraba de pensar en él. Luego se escuchó un toque en su puerta, se dirigió a ella para abrirla y al abrirla se encontró con su prima de 5 años. Tenía su pelo suelto, adornado por un mini broche que tenía una flor rosa, cuyos pétalos eran de mentira. Estaba mirándola con una sonrisa.
–¿Stephanie?
–Sí, Lily.
–¿Quieres jugar conmigo?
–Está bien, pero solo un rato.
–-¡Sí!
La pequeña Lily se fue saltando a la sala, seguida por Stephanie, quien iba caminando. Se pasaron toda la tarde jugando y cuando empezó a oscurecer las dos se fueron a sus respectivas piezas a dormir. El día pasó volando para Lily, pero para Stephanie solo fue un mar de recuerdos que la querían ahogar.
Al siguiente día, al llegar las diez, tenían todo listo para cenar y eso hicieron. Todos estaban muy alegres y sonreían, menos una niña, la cual solo se mantenía seria y comía. Terminaron pasadas las 10:45 y se fueron a acostar, ya que a pesar de vivir en Chile, tenían la costumbre de los gringos, porque el papá de Stephanie era gringo.
Se fueron todos a dormir a sus respectivas habitaciones. Stephanie al llegar a su habitación se acostó y puso la única música con la que lograba dormir desde el incidente.
Al despertarse miró la hora, eran las 7 am, la hora en que acostumbraba despertarse. Se fue a bañar para luego vestirse. Su vestimenta siempre fue de colores fríos y esta vez no era la excepción. Llevaba una polera suelta blanca, cubierta por un polerón negro. Ocupaba unos jeans oscuros como siempre y unas zapatillas negras.
Como de costumbre, se dirigió a la sala, pero cuando pasó al lado de la pieza de su hermano lo vio.
–Hola, Steph. ¿Quieres hacer una carrera para saber quién llega primero?
Escucho un “¡Claro!” detrás de él, miró y se dio cuenta de que era ella misma. Antes de que partieran, Stephanie salió corriendo con los oídos tapados por sus manos, cuyos dedos temblaban por haber visto eso. Corrió lo más rápido que pudo gritando: “¡Cállense! ¡Paren!” Y en una puerta más allá vio a su mamá salir viéndola preocupada. Las lágrimas habían empezado a salir de sus ojos haciendo borrosa su vista, y en el momento que dobló en una esquina, se tropezó con lo que, supo de inmediato, era un escalón, el mismo escalón.
Sangre: era lo que corría por el suelo.
Roto: era como estaba el espejo.
Lágrimas: era lo que caía de ella.
Y Paz: era lo que por fin sentía ella.
Desde ese día, la mujer recuerda muy bien las palabras del doctor que revisó a su hija: “Ella padecía de un trauma que le provocó el recuerdo de su hermano”.
Y así de una muerte se generó otra muerte.
Con un espejo y un escalón sin suerte.


Categoría 7º Básico a IVº Medio

1er lugar: “Consecuencias del éxito” de María Jesús Henríquez (III°B)

Las grandes expectativas de mi vida siempre fueron el éxito, ser el mejor en cada aspecto que pudiera. Codicia, esa fue la base de mi ser, era lo único que me movía hacia adelante. Desde que tuve conciencia del éxito y el futuro, me esforcé por sobresalir entre los demás en todos los aspectos posibles. Durante mi vida, participé en todas las competencias que se atravesaban en mi camino, desde deportivas a intelectuales. Hasta hace unos años no me arrepentía de nada. Incluso llegué a pensar que mi vida estaba completa. Pero hoy, es difícil pensar lo mismo. Mi corazón empieza a dar sus últimos latidos. Me encuentro en este hospital solo. Sin nadie a mi lado, pues creí que tener personas alrededor significaría distraerme de mis objetivos. Tantas medallas, trofeos, diplomas y títulos que ya no significan nada para nadie.


2º lugar: “Oda al maquillaje de palabras” de Felipe Balbontín (III°A)

¿No han pensado alguna vez que toda idea depende de las palabras con que se rellenen para que sean bellas e importantes? Veamos. Un pervertido que ve a su vecina a través de su persiana: hit latinoamericano instantáneo. Incesto inconsciente y posterior automutilación facial: obra trascendental griega. Incluso, obsesión por un animal marino: seiscientos ochentaiocho páginas. ¿Será que los ejemplos anteriores son vagos e insatisfactorios? ¿O estaremos frente a una legión de maquilladores de palabras que llamamos escritores?


3er lugar: “Objetivo, miradas y realidad” de Rocío Valiente (III°B)

Cada día me levanto pensando que las próximas horas se convertirán en una página en blanco, esperando a tener una historia que contar, historia que solo dependerá de mí para ser escrita, historia con un objetivo claro: tú.

La decisión ya estaba tomada, hoy te buscaré y me acercaré para poder formar un vínculo, una conversación. Desde lejos te puedo observar y me doy cuenta de que es a mí a quien tanto miras, pero no soy capaz de descifrar qué es lo que quieres transmitir con tu mirada. Me detengo a pensar cuál será tu opinión de mí. Llama mi curiosidad el hecho que guardes silencio y misterio tras esa mirada. Desearía poder conocerte en profundidad y, de manera sincera, anhelo que pensaras lo mismo.

La realidad es una y por mucho que quiera revertir esta situación, soy incapaz de acercarme y generar un diálogo, mientras tú desconoces los sentimientos que oculto tras mi mirada. Debo recordar que si en algún momento o en algún lugar nos encontramos, será maravilloso. Pero ya nada puede remediarse, mi mirada no te seguirá el resto del día.


 

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