Llega el fin de mes y los grupos de whatsapp de cada curso se incendian con enérgicos mensajes y recordatorios: “Curso, por favor no olviden la leche en polvo de este mes” “Papás y mamás, no olviden el azúcar que se acaba el plazo”. Son las y los delegados de Pastoral quienes, fieles a su misión, recuerdan la urgencia de este gesto solidario.

Para algunos, un compromiso social, para otros un deber mensual, y hay quienes lo ven como un compromiso del que poco saben. Pero… ¿de qué se trata realmente esta formación de canasta a la que somos convocados mes a mes?

En busca de respuestas, acudimos a Nazarena Garrido, Coordinadora de Pastoral y a Paulina Tellez, encargada de Acción Social de nuestro Colegio. Ellas nos cuentan que este gesto nace con la idea de ayudar a resolver las necesidades más urgentes de alimentación de niños/as, jóvenes y adultos mediante el aporte voluntario y sistemático de diferentes productos, que mes a mes cada familia del Colegio realiza.

Los destinos de cada canasta son muy diversos. Prioritariamente se dirigen a familias de nuestra comunidad que requieran apoyo durante algún período determinado, pero también se envían a diferentes lugares e instituciones que lo necesitan:

  • Al “Proyecto 12 canastas”, de la Parroquia Jesús Servidor de Peñalolén, se donan cuatro de ellas, para ser repartidas y compartidas entre los adultos mayores que necesitan alguno de los productos o parte de ellos.
  • Otras cuatro son usadas para fortalecer y apoyar la nutrición de pequeños niñas y niños de los jardines “Las Luciérnagas” (Estación Central), “Nuestra Señora de la Victoria” (Pedro Aguirre Cerda), “Belén” y el “Hogar Hermano Andrés” (Peñalolén).
  • Cuatro más van en apoyo de la noble labor realizada en los comedores “San Cayetano” (San Joaquín), “Buen Samaritano” (Parroquia Jesús Servidor de Peñalolén) y “San Alberto Hurtado” (Parroquia Santa Cruz de Nogales), a los que día a día acuden personas en situación de calle.
  • Tres de ellas, con especial afecto, son enviadas a la comunidad de CODAO.
  • Y este año, se ha comenzado a donar una canasta más para el “Centro de Acogida de las Hermanas Adoratrices”, que atiende a pequeños niños y niñas después de sus jornadas escolares, mientras sus madres aprenden diferentes oficios para abrirse paso a una nueva vida.

¿Por qué mejor no se cobra una cuota anual para la canasta y se evita el permanente desgaste de recordar mes a mes a padres, madres, alumnas y alumnos los aportes? Porque de este modo los estudiantes no tendrían la oportunidad de participar, de vivenciar y de aprender de su familia lo que significa compartir, salir del individualismo y por tanto de aprender en la práctica, desde el ejemplo, el valor de la solidaridad, que es lo que hace la diferencia entre el cumplir y el compartir.

Ambas representantes del área de Pastoral coinciden en que la donación de alimentos, más que un deber, es una invitación a realizar un gesto familiar: “La idea de la Canasta es que en las compras del mes se tenga presente al otro que lo necesita, sin olvidarnos que nuestro aporte es necesario, ya que irá en ayuda de algún niño, niña, anciano o familia que no lo tiene, siendo nuestros estudiantes los encargados de llevarlo al Colegio con especial cariño y respeto”.

Gracias a este pequeño esfuerzo, nos sumamos a una red solidaria donde cada canasta es un eslabón de una corriente de amor, que se hace realidad con el aporte de cada familia, beneficiándose más de 300 personas que pueden satisfacer una de las necesidades más básicas y primarias del ser humano: el derecho a alimentarse. El Colegio no se cansará nunca de agradecer a todos los que, mes a mes, tienen presente enviar este aporte y los invita a continuar con este compromiso de humanidad.

Al terminar esta nota, te invitamos a leer el agradecimiento de una de las familias de la Comunidad IT que fue beneficiada con esta ayuda durante un período de dificultad y que hoy con alegría han podido superar:

“Hay veces en esta vida que sientes que el cielo ayuda a iluminar el camino oscuro que te toca andar, donde descubres que hay personas que ayudan sin ni siquiera saber a quién están tendiendo una mano.

Yo doy gracias a todas esas personas que, contribuyeron a armar una canasta familiar, que sin saberlo, hicieron que yo y mis hijas no sólo pudiésemos comer, sino que incluso darnos unos ricos gustitos.

El recibir la primera canasta para nosotras fue sentir una inmensa emoción, donde nos sorprendió la cantidad de cosas al igual que la diversidad. Parecía que estaba hecha especialmente para nosotras, incluía artículos de aseo personal, aseo para la casa, comida; que incluía desde leche, hasta tarros de duraznos. Fue tal la cantidad de artículos que incluso nos alcanzó para dos meses.

Me llamó la atención que todos los productos fueran de primera calidad, nada venía vencido ni en mal estado. A veces pensamos sólo en cumplir con la canasta y mandamos lo primero que tengamos a mano. En ese minuto entendí el respeto que debemos tener hacia las personas a las que llega esta canasta.

También agradezco al colegio por hacer este aporte de una forma tan oportuna, donde la discreción es parte importante, ya que hay familias que temen verse expuestas en esos momentos de fragilidad.

Sólo me queda decir que gracias a esta ayuda, logramos cubrir una de las necesidades más básicas, como es alimentarse. Gracias a Dios logramos salir del mal momento y hoy me toca a mí cumplir con la canasta familiar, y con conocimiento de causa…

Nunca sabemos cuándo nos tocará pedir ayuda al que está al lado.
Agradecida siempre…”

“No hay que ser rico para dar, basta con ser bueno”. San Pedro Poveda

¡Seguimos contando contigo!

 

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