Alrededor de las 11.00 am comenzaron a llegar las primeras familias al gimnasio del Colegio para celebrar la tradicional misa de Domingo de Ramos con la que, además de celebrar la entrada de Jesús a Jerusalén en la que fue proclamado Rey de los Judíos, se da inicio a un período de profunda reflexión, sobrecogimiento y júbilo para el mudo Católico; Semana Santa.

A las 11.30 comenzó la Eucaristía. Reunidos en las afueras del gimnasio, los niños, niñas y jóvenes, acompañados por sus familias, alzaban sus ramos de olivos cantando con alegría: “Hosana Eh, Hosana Ah. Él es el Santo, es el hijo de María, es el Dios de Israel, es el hijo de David. Vamos a Él con espigas de mil trigos y con mil ramos de olivos, siempre alegres, siempre en paz”.

Entre la multitud se abría paso el Padre José Tomás Vicuña Sj, invitando a los más pequeños a bendecir junto a él el agua con la que después consagraría cada uno de los ramos, confeccionados fraternalmente por los alumnos y alumnas del Colegio. Así posteriormente, en un clima alegre y amoroso, se dio inicio a la liturgia en el interior del gimnasio.

Dos imponentes y coloridos murales vestían las paredes de lugar. A la izquierda del altar, el coro que daría vida a la ceremonia, en la que familias y profesores – en compañía del sacerdote -recordarían la pasión de Jesús.

En la homilía el Padre Vicuña invitó a los asistentes a realizar una profunda introspección, analizando sus vidas personales a partir de los diferentes momentos de Semana Santa: ¿Atravesamos un momento de éxito y reconocimiento tal como Cristo en el Domingo de Ramos? ¿O bien nos encontramos tristes, por algún problema grave o enfermedad, al igual que Jesús tras ser condenado en miércoles Santo?

¿Atravesamos alguna situación o pérdida tan dolorosa que preferiríamos no vivir, tal como le sucedió al Nazareno el Jueves Santo, cuando comprendió su doloroso destino? ¿Perdemos la esperanza en la vida así como Jesús lo hizo el Viernes Santo, cuando fue humillado, insultado y crucificado? ¿El reciente nacimiento de un hijo o la recuperación de un ser querido nos hace maravillarnos ante el milagro de la vida y evocar el Don de la resurrección?

Uno de los momentos que, para la apoderada Andrea Allamand, fue de los más significativos de la celebración; la consagración, donde los niños fueron los protagonistas: “Me gustó mucho que los niños fueran invitados por el padre al altar, a consagrar el cuerpo de Cristo, que no se sintieran ajenos a esto, porque si no la Iglesia está cada vez más alejada del mundo espiritual. Es muy importante ir en esa senda, donde los niños puedan atender a la lectura de Semana Santa”.

El Sacerdote, también Director Nacional del Servicio Jesuita a Migrantes, hizo un potente llamado a la Comunidad IT a participar activamente en las acciones que dicha institución realiza en favor de aquellas valientes personas, capaces de dejar sus tierras y sus familias, para llegar al país con la promesa de una vida mejor. (Ver más información / link http://www.sjmchile.org/donaciones/ )

Con esta celebración familiar, donde los niños fueron los grandes protagonistas, el Colegio Institución Teresiana puso fin a la cuaresma, dando inicio a la Semana Santa. Época de introspección, de reflexión y profundo sentido, que invita a descubrir las huellas del amor y la pasión de Cristo en la propia vida, aquella que – en un absoluto acto de amor – sacrificó por la salvación de la humanidad.

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